Posts tagged psicología


8 junio 2020

Comienza la ‘Escuela de Padres online’ en Burgos




4 mayo 2020

El desconfinamiento: La regulación de la euforia


Autora: Goretti Fernández Bastida

Como todo comienzo tiene su fin, este es nuestro último artículo desde que comenzó el confinamiento. Llevamos ocho semanas junto a vosotros  y os hemos ido acompañando semana a semana, dando recomendaciones  y pautas para afrontar esta pequeña aventura en la que nos ha embarcado este virus. Esperamos que haya servido de ayuda en algún punto de este camino.

Llegó el ansiado momento de volver a salir de casa. El desconfinamiento se ha puesto en marcha y volvemos poco a poco a las calles y a nuestras rutinas. Pero este nuevo proceso de apertura, también requiere nuevas adaptaciones para nuestra mente y cuerpo. Y los profesionales de la psicología también tenemos algo que decír frente a cómo afrontar esta nueva situación.

Esta nueva normalidad a la que nos enfrentaremos en poco tiempo puede tener consecuencias para nuestra salud mental si no disponemos de las herramientas y pautas adecuadas para enfrentarnos a la nueva situación  que se nos presenta.

Os proponemos algunas pautas para afrontar el desconfinamiento :

1.  Normaliza lo que sientes. Será totalmente normal y natural sentir miedo, ansiedad o estrés al volver a la rutina diaria. De nuevo se trata de un cambio en nuestro día a día,  y nuestro cuerpo y mente necesitan adaptarse una vez más.

2. Cuidado con la euforia o alegría desatada y no controlada por la apertura del confinamiento. Tenemos que continuar  minimizando el riesgo. Es normal tener ganas de socializar y volver a disfrutar de las cosas que llevabamos semanas sin hacer, pero no debemos perder de vista las recomendaciones de las instituciones sanitarias. La euforia es una emoción de extremos, que a priori parece que no es peligrosa o es menos desagradable que la tristeza, pero implica unos riesgos igualmente. Nos hace poner el foco sólo en lo positivo de la situación y en no pensar en los riesgos o consecuencias de nuestros actos. Nos llena de energía y buenas sensaciones, viéndonos capaces de hacer muchas cosas  y la mayoría sin estructura o planificación previa. Por ello, antes de hacer piensa y tómate tu tiempo. No hagas por hacer ni des respuestas rápidas.

3. Revisa lo que has aprendido en este periodo en casa. Algunos habréis aprovechado para iniciar nuevos hábitos saludables, poner a prueba la paciencia y las esperas, gestionar emociones y resolver conflictos de forma asertiva. Todos hemos aprendido algo en estos momentos difíciles y ser consciente de ello nos va a ayudar en futuros desafíos a los que nos enfrentemos y tengamos que echar mano de esos nuevos recursos. Quizás se nos esté dando una nueva oportunidad para salir al mundo con otra actitud, con otras herramientas para vivir de otra forma. Para establecer nuevos valores y parametros de vida. Para eliminar lo tóxico y encontrarse con lo sano. Dejo esta reflexión en abierto para que cada uno medite consigo mismo sobre ello.

4. Los síntomas de ansiedad y depresión son algunas de las consecuencias que están relacionadas con el confinamiento. Si notas alguno de estos signos y son frecuentes, intensos, duraderos y además te incapacitan para llevar a cabo alguna área de tu vida, pide ayuda a alguno de nuestros profesionales para retomar tu nueva rutina a la que nos enfrentaremos en los próximos meses.

5. Sé realista, la nueva etapa que nos espera requiere de esfuerzo por parte de todos tus sistemas y de responsabilidad. Implica esforzarse por mantener hábitos, recuperar lo perdido y luchar para salir adelante. Pon en marcha todas tus energías y fuerzas. El tiempo por sí mismo no todo lo cura, sino que depende de lo que hagas tú, con las cosas, en ese tiempo.

NO SE PUEDE DAR MARCHA ATRÁS AL RELOJ, PERO SÍ SE LE PUEDE DAR CUERDA NUEVAMENTE.

FELIZ INICIO DEL DESCONFINAMIENTO. 



28 abril 2020

La autoestima: Nunca dejamos de conocernos


Autora: Goretti Fernández Bastida

A finales del siglo XIX, un neoyorquino llamado William James (considerado uno de los padres de la psicología funcional), en su obra Los principios de la Psicología’, analizó el fenómeno de la autoestima y fue el primero en tratar de definirla (1890). Su texto pionero ha servido de modelo a todos los estudiosos de este fenómeno.

En nuestro séptimo artículo, es el momento de hablar de uno de los conceptos más interesantes y trabajados en psicología. Y de los más tratados en psicoterapia: La autoestima.

Desde un punto de vista etimológico la palabra autoestima está formada por el elemento “auto-” que viene del griego autos y significa por sí mismo o propio, y la palabra “estima” del verbo estimar del latín estimare que significa evaluar, valorar, tasar. Por tanto una definicion fiel sería: la evaluación que hace una persona sobre sí misma.

No hay un juicio de valor más importante para las personas, un factor más decisivo en su desarrollo psicológico y en su motivación , que la evaluación que emiten sobre ellas mismas.

Las personas solemos experimentar esta valoración no como un juicio consciente, manifestado verbalmente, sino bajo la forma de un sentimiento, que puede ser difícil de aislar e identificar porque lo experimentamos constantemente: forma parte de todos los demás sentimientos, está implicado en cada una de nuestras respuestas emocionales.

El punto de vista que tiene una persona sobre sí misma está implícito, en todos sus valores y respuestas. Esta autoevaluación es un factor omnipresente en la psicología humana y tiene profundos efectos sobre el proceso de pensamiento de las personas, sus emociones, sus deseos , valores y objetivos.

Y ¿qué es lo que tenemos que evaluar para saber si poseemos buena o mala autoestima? William James afirmaba que a la hora de valorarnos a nosotros mismos solemos considerar tres componentes de nuestra identidad:

  1. Nuestro estilo de pensar, sentir y actuar y los rasgos de nuestra personalidad.
  2. El “yo” social: las cualidades o defectos que reconocen en nosotros los demás y la buena o mala reputación que tenemos en nuestro entorno social.
  3. El “yo” material, que incluye nuestra imagen corporal, las riquezas, el patrimonio económico y las propiedades que son importantes para nosotros.

A todo este conjunto de elementos y conocimientos sobre nuestras características personales que utilizan las personas para describirse (capacidades, limitaciones…) se llama autoconcepto. Si tengo un buen autoconcepto de mí mismo/a la evaluación que haré de ello será en positivo, no así si lo hago a la inversa. El autoconcepto se forma por la imagen que tenemos de nosotros mismos y la información que recibimos de los demás en relación con nuestra persona.

Para entender mejor el autoconcepto, ponemos un ejemplo claro: si quiero evaluar el valor de un reloj, preguntaré por sus características y materiales, ya que no es lo mismo un material plástico, con piezas hechas en una cinta de producción masiva, que un reloj hecho a mano y con materiales como el oro con incrustaciones de diamantes. El valor de estos dos relojes variaría considerablemente. Así pues, para estimar nuestro valor, debemos conocer primero «de qué estamos hechos», qué cualidades y capacidades tenemos, es decir, debemos conocer-nos. Como nuestras cualidades y capacidades varían a lo largo de nuestra vida, no es difícil suponer que la autoestima no es algo que se mantenga estable. Podemos tener autoestima: alta, regular o baja. Es decir, la autoestima puede variar y se puede trabajar de la mano de un profesional .

Algunas características de una persona con autoestima baja:

La otra cara de la moneda en la autoestima baja, son personas que aún teniendo bajo concepto de sí mismos, se
esfuerzan por mantener una imagen social diferente, positiva, exitosa y muestran otras características que son contradictorias a las anteriores citadas, pero que igualmente son derivadas de una baja autoestima. No todo el mundo se muestra como es por dentro y lo ocultan, es a lo que llamamos «falsa autoestima».

La falsa autoestima se considera un mecanismo de defensa o una protección que usamos conscientemente para que no nos puedan hacer daño y para no parecer débiles frente a los demás.

En general, las personas con baja autoestima que se enmascaran tras una imagen que no poseen, presentan los siguientes rasgos :

Por contra, cuando una persona tiene una alta autoestima, no alardea de ello, puesto que no necesita la aprobación de los otros para reforzar la visión que tiene de sí mismo. Se quiere y acepta tal y como es y considera el error como parte del aprendizaje, se comunica con los demás de forma asertiva, no necesita estar por encima de nadie para destacar, pues sabe lo que vale y eso es suficiente.

¿Podemos hacer algo para mejorar la autoestima?

Sin duda, podemos hacer muchas cosas, os presentamos algunas propuestas:

-Rodéate de personas que te aporten felicidad, refuerzo positivo, alegría y cariño.

-Vete a lugares en los que te sientas seguro, tranquilo, protegido cuando estés mal contigo mismo.

-Lleva a cabo actividades que te gusten y que te hagan salir de tu bajón emocional y autopercepción negativa.

-Considera los errores como oportunidades de aprendizaje.

-Establécete pequeños objetivos alcanzables.

-Comienza a visualizarte como el responsable de tu vida y no como la víctima.

-Repite en tu mente, como un mantra, a diario «SÍ, PUEDO».

-Huye del perfeccionismo y suelta el control.

-Trabaja tu autoconcepto.

Si necesitas ayuda o apoyo para trabajar esta pieza clave para tu salud mental, ponte en contacto con alguno de nuestros profesionales. Este periodo de confinamiento nos ha servido a muchos para conocernos más y saber quiénes somos frente a situaciones límite. Experimentar situaciones nuevas nos hace ver de qué otros material estamos hechos. Nunca dejamos de conocernos a nosotros mismos. Recuerda, la autoestima no es algo fijo ni inamovible, se va formando y cambiando a lo largo de la vida.

CREE EN TI, CONÓCE-TE Y ACÉPTA-TE.

 LA SALIDA ES SIEMPRE HACIA ADENTRO



21 abril 2020

El pensamiento polarizado, la rigidez mental y el miedo al cambio


Autora: Goretti Fernández Bastida

En el inicio de nuestra sexta semana de confinamiento, deseo transladar a los lectores lo que indica la psicología sobre cómo la forma en la que pensamos nos condiciona la forma de vivir la misma experiencia. Para ello, echaremos mano del enfoque cognitivo-conductual .

Existen tantas formas de pensar como personas hay en el mundo. En términos de pensamiento nadie puede considerarse igual a otro. Cada uno de nosotros tenemos en cuenta diferentes aspectos de la realidad, elegimos, archivamos e interpretamos según nuestras creencias y la importancia que le demos a lo que está pasando. No hay dos personas iguales que realicen la misma secuencia de pensamiento sobre un mismo hecho. Construimos nuestra vida basada en distintas vivencias que nos marcan y nos hacen mirar al mundo desde ángulos diferentes. (más…)



14 abril 2020

Recomendaciones profesionales: ‘El estrés’


Autora: Goretti Fernández Bastida

Una semana más vuelvo a sentarme frente al ordenador para escribir algo que pueda ayudar a nuestros lectores y usuarios a sobrellevar el confinamiento y gestionar y manejar tanto situaciones puntuales como emociones derivadas. En esta quinta semana de parada obligada en nuestros hogares, me ha parecido interesante hablaros de un compañero de viaje al que todos, sino la mayoría, conocemos y que ha estado presente en algún momento de nuestras vidas: ‘El estrés‘.

Es curioso que durante esta cuarentena ya se han realizado estudios e investigaciones para evaluar los efectos psicológicos del confinamiento debido al COVID-19. En ellos se destaca el estrés como uno de los problemas derivados de este estado de alarma. (Alfredo Rodríguez, Mirko Antino y Paula Ruíz-Zorrilla, Universidad Complutense de psicología de Madrid (UCM). (más…)



13 abril 2020

Ejercicios de relajación guiada por una de las psicólogas de Aclad




30 marzo 2020

Recomendaciones profesionales: ‘La frustración y el poder de la resiliencia’


Autora: Goretti Fernández Bastida

En muchas ocasiones, las cosas que hemos planeado no han salido como esperábamos. Y esto lo hemos experimentando, seguramente, el 100% de las personas. Pero, ¿cómo reacciona el ser humano ante estas situaciones?, ¿qué sentimientos hay debajo de estas circunstancias?.

Por un lado, hablaremos del sentimiento que se desprende, en estos casos, que es la conocida FRUSTRACIÓN y de su gestión para que se convierta en una herramienta y no en un problema. Y por otro, comentaremos qué reacciones se dan con más probabilidad en las personas que sienten frustración.

La frustración, viene acompañada de rabia, enfado y, en ocasiones, de tristeza cuando todo el esfuerzo invertido no se convierte en el resultado esperado.

Durante estos días de confinamiento en casa, hemos podido sentir, muchos de nosotros, este tipo de sentimiento. Sobre todo, al saber que los plazos para que finalizara el aislamiento se ampliaban.

Como hemos comentado en anteriores artículos, las emociones y los sentimientos siempre nos instruyen en algo. Pero, ¿qué nos enseña la frustración? La frustración nos enseña a convertirnos en personas resilientes o personas con más fuerza de voluntad. No se es resiliente sino que la resiliencia la va construyendo el ser humano durante todo su vida. (M.H.Pacheco , 2019).

Y, ¿qué es la resiliencia? Es la capacidad que tenemos los seres humanos de salir reforzados positivamente y de sobreponernos a los acontecimientos dolorosos o de fracaso y de volver a intentarlo. Por lo que la frustración, bien gestionada o positiva, es una energía que nos mueve hacia el nuevo intento más creativo, hacia la reestructuración del intento anterior y hacia la motivación para conseguir lo que habíamos planificado. La frustración negativa nos aboca a la depresión, hacia la culpa o a la rabia hacia otros (cuando culpamos de nuestro fracaso a los demás).

Hay personas que no se rinden y que siguen luchando sin cesar por sus objetivos, a ellas la frustración les motiva para seguir adelante. Por el contrario, hay otras que se quedan en el camino, en el primer intento, y se rinden. Creen, profundamente, que no importa lo que hagan porque el resultado va a ser el mismo, sienten que han perdido el control y dejan de intentar salir o cambiar cosas de la situación. Entonces crean la «indefensión aprendida» (Seligman, 1970). Por ello, es importante que conozcamos la capacidad de convertirnos en «personas resilientes» como salida a este laberinto.

En adicciones, cuando una persona decide dejar de consumir una sustancia, se trabaja la gestión ante la posibilidad de caer o recaer en el camino de la abstinencia. Nos podemos frustrar, si algo no sucede y esperábamos que sucediera, o si sucede pero no como esperábamos. Por ejemplo: durante el periodo de abstinencia en adicciones, el deseo de consumo (craving) puede aparecer con más o menos intensidad, dependiendo de varios factores (tipos de sustancia, patrón de consumo…). Nos hemos encontrado que algunos usuarios creen que el deseo no va a ser tan intenso y piensan que lo van a poder sobrellevar, sin embargo, descubren que no es así sino que es más duro o intenso y recaen. Piensan que no pueden hacerlo y que es algo que les supera. Se frustran, se enfadan con ellos mismos o con otros y abandonan. Como hemos dicho anteriormente, hay rabia por lo que creyeron que iba a suceder, pero no como esperaban.

¿Qué podemos hacer entonces?

– Acepta que los fracasos son parte importante del proceso de aprendizaje y que no podemos tener el control de todo absolutamente. Las cosas no siempre suceden como esperamos.

– Piensa que no eres lo que sientes. Es decir, no somos fracasados aunque sintamos que hemos fracasado.

Vuelve a la abstinencia inmediatamente si has consumido en un momento puntual. Esa caída no significa que tires por la borda todo el trabajo realizado hasta el momento, o que todo lo que has hecho no ha servido para nada.

Para gestionar las frustración como tal, puedes hacer lo siguiente:

  1.  Identifica hacia dónde se dirige tu frustración: hacia la rabia, hacia la tristeza, hacia ti mismo (culpabilización = «soy un desastre», «no valgo para esto») o hacia otros (victimización = «me obligaron..», «se me juntaron varias cosas…»).
  2. Si es rabia lo que sientes, dirige esa energía hacia algo productivo para el próximo intento. Si se dirige hacia la tristeza: llora, desahógate y planifica un nuevo intento. Recuerda que los límites nos los ponemos siempre nosotros mismos.
  3. Piensa qué actos, pasos o actitudes pudieron influir en el fracaso anterior (propios y ajenos) .
  4. Piensa qué vas a cambiar y qué factores vas a poner en juego en el nuevo intento. Y, ponte a ello.
  5. Por último, hablaremos del poder de la imaginación. Se ha comprobado neurológicamente (Dartmouth college , EE.UU) que una red neuronal se activa por todo el cerebro cuando nos imaginamos haciendo las cosas que queremos llevar a cabo (Proceedings of the National Academy of Sciences). Y que ello nos facilita el camino para conseguirlo en la realidad. Es decir, imagínate a ti mismo haciendo algo de una forma determinada , ésto te entrenará para, en un futuro, reproducirlo realmente.

Los profesionales que trabajamos en este ámbito, hemos tratado a muchas personas con «baja tolerancia a frustración» (no aceptan que las cosas no salgan como ellos quieren o esperaban o no aceptan el «no»), pero con constancia, apoyo y motivación, muchos usuarios han podido poner a su servicio este sentimiento y crecer en su poder de resiliencia. Si necesitas ayuda para realizar este proceso, ponte en contacto con algunos de nuestros profesionales para que te guíen y te acompañen en la gestión de la frustración.

 ACEPTA EL FRACASO, APRENDE DE ÉL Y COGE IMPULSO PARA EL SIGUIENTE INTENTO .
Y HOY, MÁS QUE NUNCA,  RECUERDA QUE LA SALIDA ES HACIA DENTRO.


25 marzo 2020

Recomendaciones profesionales: ‘El Miedo’


Autora: Goretti Fernández Bastida

Muchos pensarán que el miedo es una de las emociones básicas más negativas que tenemos, pero sin embargo, es de las más necesarias para nuestra subsistencia.

En primer lugar, decirles a nuestros lectores y usuarios que existen, según el psicólogo Paul Ekman (pionero en el estudio de las emociones desde 1972), seis emociones básicas: ira, miedo, alegría, tristeza, asco y sorpresa. Dependiendo a quién leas podrán variar algunas. Pero el miedo, siempre estará entre ellas. Hablamos de emociones básicas, porque han sido, son  y serán la base de nuestra supervivencia como humanos.

Biológicamente, nuestro cerebro ha evolucionado a lo largo de millones de años. A este proceso, en el que un órgano se construye evolutivamente sobre otro más antiguo, se le denomina «exaptación». Es decir, que dentro de cada uno de nuestros cerebros tendríamos tres capas distintas que pertenecerían a diferentes estadios de nuestra historia evolutiva. En la capa más interna estaría el cerebro llamado «reptiliano», es el que regula funciones como el sueño, alimentación o la reproducción. Es decir, las que hacen que nuestro organismo funcione con normalidad. En la capa intermedia, estaría el cerebro mamífero, cuyos órganos principales se encargan de controlar la agresividad, los estados de ánimo y el protagonista de nuestro artículo ‘EL MIEDO’ entre otras cosas. Y, finalmente, nos encontramos con la capa superior o corteza cerebral, y es aquí donde se ubica la lógica, lo correcto, la cultura, los modales… Lo humano propiamente dicho.

¿Para qué sirve el miedo?

El miedo es una reacción emocional automática que nos indica y ayuda a identificar  las  amenazas externas o internas, y que nos predispone a la acción para defendernos de esas amenazas.

Muchos miedos son reflejo de lo aprendido en la infancia o de miedos heredados. De cualquier forma, tener miedo es una señal que nos avisa de que tenemos que estar atentos por posibles peligros. Por lo que es algo positivo para nuestra existencia.

Ahora bien, hay que tener cuidado ya que muchos miedos no son reales y son creados por nuestra mente y nuestras inseguridades, pero igualmente se reacciona. En este confinamiento general que estamos viviendo actualmente por la pandemia del COVID-19, puede que alguno comience a notar cierta sintomatología relacionada con el miedo: agobio, estrés, ganas de llorar, etc. Todo ello tiene que ver, en lo más profundo, con esta curiosa emoción: con el MIEDO.

En el mundo de las adicciones, nuestros usuarios es con la emoción que más luchan; aunque en ocasiones esto se desconoce: miedo a las recaídas, miedo a decepcionar a un familiar, miedo a sufrir síntomas de la abstinencia…. Es totalmente normal, y, de hecho, incluso bueno. El miedo, en ocasiones, nos protege para no caer de nuevo en las drogas y nos avisa de factores de riesgo que hay alrededor. Si se trabaja bien y nos orientan para reconocer el miedo y gestionarlo, se convierte en un aliado y no en un enemigo que hay que aplastar, tapar o evitar.

¿Cómo sé que es miedo y no otra cosa? 

El miedo suele ir acompañado de sensaciones incómodas de angustia y deseos de huida, o de bloqueo, incapacidad para tomar decisiones o resolver tareas cotidianas. Se suele sentir en lo más profundo del estómago y en el pecho, en ocasiones.

¿Qué podemos hacer entonces?

Algunas de las recomendaciones para la gestión del miedo son:

Aunque, hay varias posibles respuestas automáticas frente al miedo y cada uno de nosotros tenderemos a alguna por experiencias del pasado o  por lo que hemos visto que hacen otros y hemos terminado imitando: escapar, afrontar, atacar o bloquearme . Te propongo que seas tú el que decide qué hacer con tu miedo y no el miedo el que decida de forma automática.

 

TEME, SIENTE Y GESTIONA TU MIEDO  Y  

RECUERDA QUE LA SALIDA SIEMPRE ES

 HACIA ADENTRO.

 

 



17 marzo 2020

Recomendaciones profesionales a nivel psicológico durante el periodo de aislamiento


Desde Aclad queremos seguir ofreciendo ayuda a todas aquellas personas que durante estos días de confinamiento, por el COVID-19, pueden sentir los incómodos síntomas del aislamiento como: la ansiedad, el miedo, la incertidumbre….

Por ello, una de nuestras psicólogas, Goretti Fernández Bastida, escribirá semanalmente recomendaciones profesionales a nivel psicológico.



24 abril 2018

«Una de las estrategias de maltrato psicológico más potentes y devastadoras es negar lo que te está sucediendo, minimizarlo o culpabilizarte por lo ocurrido”


Aclad ha entrevistado a una psicóloga experta en violencia de género, María Luisa Fraile Dorda, para reflexionar acerca de algunos de los aspectos psicológicos que se hallan tras esta tremenda lacra social

Un hombre vocea a su pareja./osegredo.com.

Un total de diez mujeres han sido asesinadas en lo que va de año, en manos de sus parejas o exparejas… Asimismo, el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (Sistema VioGén) monitoriza a 54.454 casos de violencia machista, según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad a fecha de enero de 2018. Entre ellos, diez tienen un nivel de riesgo extremo, 200 poseen un peligro alto.

Del total del número de víctimas contabilizadas que se hallan monitorizadas a través del Sistema de Seguimiento Integral (Sistema VioGén), cabe destacar que 741 son menores de edad (de 14 a 17 años). El rango de edad predominante son mujeres de 31 a 35 años. En concreto, en ese intervalo de edades hay  24.120 casos activos, lo que representa el 44, 3 por ciento de la totalidad.

Por desgracia, no se pueden contabilizar todos los casos de violencia machista existentes. Muchas mujeres están viviendo un auténtico calvario, pero que no denuncian por razones muy dispares: miedo, dependencia económica, chantajes, falta de pruebas…

¿Por qué no disponen de pruebas necesarias para poder incriminar a su agresor? Lamentablemente, no toda la violencia deja rastro; de ahí que nos encontremos ante casos de mujeres que llevan años aguantando el tremendo yugo del maltrato y nadie de su entorno se ha percatado de este hecho.

Aclad ha querido profundizar más en este tema y, para ello, ha entrevistado a una psicóloga experta en violencia de género, María Luisa Fraile Dorda.

El modelo de amor romántico

El concepto de amor romántico, reflejado en nuestro día a día, es la idea de dominio y sumisión sobre la mujer. Se habla del príncipe azul que te va a querer para toda la vida. “Yo soy todo para ti, tú eres todo para mí y fuera de esa unión no hay nada”, afirma la psicóloga experta en violencia de género, María Luisa Fraile Dorda, quien recalca que “nos encontramos ante el riesgo de violencia de género más gordo, ya que en el momento en el que exista una tercera persona o cosa que invada el espacio creado por la pareja (trabajo, amigos, familia, mascota…) va a aparecer un sentimiento de desplazamiento, rechazo o abandono”.

Fraile Dorda explica a nuestra asociación el origen de la violencia en la pareja a través de una pirámide ficticia. En la base estarían las ideas, las creencias y los valores que sustentan toda nuestra herencia, en la cual el hombre domina a la mujer. En la cúspide podemos encontrar la agresión. Si se pierde de vista la posición de dominio/ sumisión, y no existe otro recurso, se emplea la violencia como ‘modus operandi’; siendo la agresión el último medio de proceder.

Hay que destacar que el dominio también se puede conseguir de “manera dulce”. María Luisa Fraile afirma que un claro ejemplo son algunas de las canciones de amor existentes en la actualidad, muchas tienen en común el reproche, la culpabilidad… Son una muestra de cómo se conforma el hilo de nuestro pensamiento.

“Si escuchas atentamente la letra, las mujeres tenemos la culpa de todo, hasta de que los hombres se enamoren de nosotros. No hay sangre, pero las palabras te hacen sentirte mal”, detalla. Por lo tanto, el hombre utiliza tu malestar y tu sentimiento de culpa para colocarte en una posición de inferioridad respecto a él. Esto es lo que se denomina violencia psicológica: un tipo de agresión pasiva.

Distorsión de pensamiento de la víctima

Inicias una relación y, al principio, puede haber algún insulto, empujón o incidente abusivo. Si rompes en este momento, la historia ha terminado. Pero, muchas mujeres piensan: “Qué empujón me ha dado, vaya comentario más feo; pero yo también soy muy bruta”, “mi marido venía cansado del trabajo, porque tiene mucho estrés y, ¿cómo no va a comportarse así? Encima tiene el mismo carácter que su padre”. De algún modo, empiezas a justificar su comportamiento abusivo y a fijarte en sus aspectos buenos, ya que en el fondo tienen comportamientos de agresivos, otros positivos y también alguno regular. Entonces tu mente comienza a elaborar su propio discurso: “Bueno, tampoco ha sido para tanto la bofetada. Es un chico muy majo, trabajador, buen padre… Quizás esté exagerando…”. En ese instante es cuando tragas lo que te ha sucedido, lo digieres y continúa la pelota. Estamos ante una distorsión de pensamiento en la víctima. Ella intenta justificar el episodio agarrándose en cualidades positivas que él tiene.

Cuando la relación avanza, las estrategias de maltrato son tan potentes y efectivas que, de algún modo, la distorsión del pensamiento cambia. Empiezas a culparte por no saber cómo tratarle, de tal forma que la diana del maltrato psicológico es tu autoestima y ésta cada vez se debilita más.

La culpabilización

Tienes dificultades para conocer la realidad. “Una de las estrategias de maltrato psicológico más potentes y la más devastadora es negar lo que te está sucediendo, minimizarlo o culpabilizarte por lo ocurrido”, sostiene la psicóloga experta en violencia de género.

Servicio telefónico de información y de asesoramiento jurídico en materia de violencia de género. /msssi.gob.es

Cuando las víctimas creen tener la culpa de haber recibido una paliza, sus justificaciones son dispares: “Estaba borracho y se enfadó porque no había hecho la cena. La verdad es que tenía razón, si lo hubiera tenido todo a punto no hubiera ocurrido…”. Ante esta situación, María Luisa Fraile trata de que sus pacientes reflexionen: “Si tú hubieras hecho la cena él podía haber pensado que la comida estaba sosa, que hiciste lenguados y derrochas, porque podías haber puesto pasta o que no le has preparado su plato favorito”.

En definitiva, siempre puede haber cualquier inconveniente en la vida cotidiana interpretado como una prueba a tu nulidad como persona y que desencadene en un ataque o en una agresión por lo sucedido.

“Si tú eres mi pareja y se te ha quemado la cena, puedo enfadarme porque me he quedado sin pizzas, por ejemplo, pero el enojo se soluciona pidiendo la comida a domicilio o invitándote a cenar por ahí. La violencia es una opción de comportamiento”, incide.

El aislamiento

Otra de las estrategias más potentes de maltrato psicológico es el aislamiento, la mayoría de las veces acompañado del control. Él normalmente hace que tu relación con tu familia sea mala. Generalmente él no tiene amigos ni amigas y tu libertad de movimientos a la hora de salir y de hacer actividades suele ser muy reducida también. Hay chicas que tienen novios que se levantan para acompañarlas cuando trabajan a turnos. Se piensan que están enrolladas con algún compañero de trabajo, se acercan a ver qué hacen, amenazan a sus compañeros, contabilizan los kilómetros del coche, le espían su móvil…

“No sirves para nada”

Las mujeres pierden su autoestima hasta el punto de pensar que hacen absolutamente todo mal y que no sirven para nada. Nos hallamos ante una maniobra psicológica devastadora. En ellas predomina la negación del maltrato y la culpabilización. Dudan de su propio criterio.

Y, funciona otro factor que es el miedo, sobre todo cuando hay violencia física de por medio. Esta sensación de alerta y angustia provoca una activación del sistema nervioso autónomo. Viven en un estado de tensión continuo. Por eso, muchas tienen como consecuencia enfermedades ligadas al estrés. Su energía viaja hasta la parte de la corteza cerebral que está cerca del sistema límbico, el cerebro más primitivo; por lo que la parte del cerebro que funciona para tomar decisiones, solucionar problemas o pensar con claridad, se queda sin energía.

Con este nivel de activación el funcionamiento intelectual y el manual no responden, porque existe mucha tensión. Entonces, se te rompen los platos, se te caen las cosas, se te olvida que tienes que ir a recoger al niño… Él aprovecha esta situación para decir: “¿Ves? Estás trastornada, no sabes hacer nada, todo lo estropeas…”. Y ella se mira al espejo y llega a pensar: “Pues va a tener razón, porque la que está desquiciada soy yo…”.

En definitiva, la violencia psicológica ataca a la autoestima y, por desgracia, no deja señales visibles, por lo que es muy difícil de probar en un tribunal o en un juzgado. Pero, es tan deleznable, peligrosa, delictiva y repudiable como la física.

 



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