21 abril 2020

El pensamiento polarizado, la rigidez mental y el miedo al cambio


Autora: Goretti Fernández Bastida

En el inicio de nuestra sexta semana de confinamiento, deseo transladar a los lectores lo que indica la psicología sobre cómo la forma en la que pensamos nos condiciona la forma de vivir la misma experiencia. Para ello, echaremos mano del enfoque cognitivo-conductual .

Existen tantas formas de pensar como personas hay en el mundo. En términos de pensamiento nadie puede considerarse igual a otro. Cada uno de nosotros tenemos en cuenta diferentes aspectos de la realidad, elegimos, archivamos e interpretamos según nuestras creencias y la importancia que le demos a lo que está pasando. No hay dos personas iguales que realicen la misma secuencia de pensamiento sobre un mismo hecho. Construimos nuestra vida basada en distintas vivencias que nos marcan y nos hacen mirar al mundo desde ángulos diferentes.

Hay determinadas formas de pensar que nos permiten sortear los obstáculos y avanzar hacia nuestros objetivos, resolviendo los problemas que se nos presentan y dándonos la fuerza necesaria para salir adelante. Pero hay otras que se convierten en obstáculos en sí mismos y no nos permiten avanzar y llegar a donde queremos, nos llevan al malestar y si no detectamos cuáles son, no podremos desarticular y reemplazarlas por otras formas que nos permitan alcanzar resultados distintos. Éstas últimas son las conocidas como distorsiones cognitivas ( Albert Ellis ).

Una de esas formas disfuncionales de pensar es el pensamiento polarizado. Las personas con pensamientos polarizados viven en un universo en blanco y negro, sin colores ni grises. Dividen todos sus actos y todas sus experiencias en sí o no según estándares absolutos. Se juzgan a sí mismos como buenas o malas personas, exitosas o fracasados.

El problema de este tipo de pensamiento es que quien lo utiliza termina inevitablemente en el lado negativo de la ecuación .Este patrón mental negativo nos lleva a enrocarnos en una forma rígida de percibir la realidad. La rigidez nos oxida y nos hace más vulnerables al sufrimiento o incluso a la enfermedad mental con cualquier tipo de incidencia de la vida. La Ley de la Evolución de las especies de Darwin exponía que la supervivencia de las especies venía condicionada por la capacidad de los animales de adaptarse al medio, es decir, de ser lo suficientemente flexibles y aptos para adaptarse al medio y sobrevivir a los cambios. Una persona con pensamiento, actitud y comportamiento rígido tendría más dificultades para sobrevivir en diferente entornos que supongan varios cambios.

Este patrón rígido genera temores infundados y problemas a la hora de salir de nuestra «Zona de Confort». La Zona de Confort es la zona metafórica en la que estamos cuando nos movemos en un entorno que dominamos, en ella las cosas nos resultan conocidas y cómodas, sean éstas agradables o no. Tus hábitos, tus rutinas, tus habilidades, tus conocimientos, tus actitudes y comportamientos son también parte de tu zona de confort.

Más allá de la zona de confort está la zona de aprendizaje, a la que salimos para ampliar nuestra visión del mundo y lo hacemos cuando aprendemos cosas nuevas, viajamos a lugares desconocidos, tenemos nuevas sensaciones, enriquecemos nuestro punto de vista, modificamos hábitos o conocemos nuevas culturas. Es la zona, donde experimentamos, observamos, comparamos… Hay personas a las que esto les apasiona y, por ello, frecuentan mucho esta zona de aprendizaje. En cambio, a otras les asusta y para evitarlo se mueven únicamente dentro de su zona de confort. Salir de ella les parece peligroso y para ellos es una zona de pánico. Podría parecer miedo a lo desconocido, pero es miedo a perder lo que tienen o lo que son. Esa rigidez mental no les deja adaptarse a nuevos entornos de forma relajada y fluir en el entorno. Se quedan en lo conocido pues eso les da seguridad y mayor sensación de control.

Por contra, los que salen extienden su zona de confort y aprendizaje, cambiar no significa que pierdes lo que tenías, significa que añades, el cambio es en realidad desarrollo. Con esta vuelta de tuerca, podemos apreciar perfectamente que el pensamiento influye en las decisiones y en la visión que tenemos del mundo. Si percibo una zona en positivo o en negativo, ésto me hará salir o no hacia ella. Desarrollarme más o menos en la vida o aprender unas cosas y otras.

¿Qué podemos hacer entonces frente al pensamiento polarizado?

Para convertirnos en amos de nuestros pensamientos debemos configurar la mente a través de la reflexión y del análisis de lo que pensamos y hacer revisiones de los patrones de pensamientos que hemos establecido a lo largo de los años. Algunos son beneficiosos y otros no. Parece difícil pero no lo es. Es cuestión de tiempo y entrenamiento. Se trata de sustituir una costumbre negativa por una positiva.

  1. Poner atención en lo que estamos pensando y acostumbrarnos a dirigir el curso de nuestros pensamientos. Para ello las técnicas del ‘Mindfullness’ podrían enseñarnos ésto.
  2. Identificar el pensamiento polarizado concreto.
  3. Modificarlo por otro pensamiento flexible que implica equilibrio y mediación entre los extremos. Por ejemplo: saca de su vocabulario «jamás», » siempre», «nunca», «todo», o «nada» y tus emociones disminuirán y reducirán el impacto que tienen sobre tí .

Es importante que aprendamos a conocer cómo pensamos para saber cómo interpretamos el mundo y bajo qué prisma lo miramos. Pues dependiendo de eso, vamos a vivir las experiencias, conocer a las personas o aprender cosas en un sentido o en otro. Si quieres, puedes pedir ayuda a nuestros profesionales de referencia para trabajar este tipo de pensamiento distorsionado u otro.

 PIENSA, ANALIZA Y VIVE. LA SALIDA ES HACIA ADENTRO.




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