8 marzo 2017

Conmemoración del Día Internacional de la Mujer


Unidas avanzamos siempre»

Cartel elaborado para el Día Internacional de la Mujer. / Ayuntamiento de Valladolid

El rol de la mujer, en la actualidad, difiere mucho del que poseían nuestras antecesoras. De manera progresiva, hemos ido erradicando el escaso acceso del sexo femenino a los estudios y al mundo laboral; al igual que a la sumisión a la que estaba expuesto. Lamentablemente, en pleno siglo XXI, aún la lucha no ha hecho más que comenzar…

Nuestras abuelas, sin ir más lejos, en su mayoría, tenían establecidas unas funciones específicas limitadas a las labores del hogar y el desempeño de su papel como madres y esposas. Hoy en día, muchas más mujeres gozamos de una autonomía que nos permite estar activas en múltiples esferas que nos rodean. Las barreras infranqueables consolidadas por los varones, desde tiempos remotos, se están resquebrajando y cayendo por su propio peso. Vamos logrando, aunque de manera paulatina, el hueco que nos corresponde en cada una de las parcelas que capitanean nuestras vidas; ya sea en el ámbito político, económico o, como en el caso que hoy nos concierne: el laboral. Por desgracia, esta percepción no se puede generalizar sobre todas las mujeres del mundo, ni en todos los países donde éstas habitan, de ahí que la “batalla” continúe.

 

Antecedentes

Han transcurrido más de cuatro décadas desde que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declarara oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Una fecha institucionalizada tras numerosos años de manifestaciones, reivindicaciones, movimientos y sucesos acontecidos originados desde inicios del siglo XX en EEUU.

La II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que tuvo lugar en Copenhague en 1910, desencadenó demandas y reclamos por parte de las mujeres sobre el derecho a votar, a ocupar cargos públicos, a trabajar, a la no discriminación laboral o a la formación profesional. La celebración fue ampliándose geográficamente, de manera progresiva, hasta alcanzar el ámbito mundial. Tras tantos años de “luchas” ininterrumpidas cuesta comprender el porqué de muchas de las tesituras aún avivadas de forma retrógrada…

 

¿Qué está ocurriendo?, ¿dónde radica el problema?

Una trabajadora lleva una cesta con la cosecha. / Pixabay

El mayor número de mujeres que detentan empleos sin garantías de derechos se concentra en regiones como el África Subsahariana, Asia Meridional, América Latina y el Caribe. El campo, las microempresas familiares o la asistencia doméstica suelen ser las vías laborales más factibles para ellas o, en numerosos casos, su única salida ocupacional admisible. La disparidad de género continúa declinando la balanza a favor de los hombres. Las razones que justifican este hecho son fruto de las políticas discriminatorias existentes de acceso al trabajo asalariado que aún se hallan vigentes en lugares como los anteriormente citados, así como de los contextos culturales en los que se encuentran inmersos.

La sociedad española lleva años enfrascada en una batalla por lograr la plena inserción de la mujer en el mercado de trabajo pero, a pesar de ello, existen cifras que constatan que nuestro país se encuentra todavía alejado de la tan anhelada e idílica paridad.

 

Datos

En Europa, a excepción de Rumania y Letonia, sólo uno de cada tres directivos es una mujer y ésta suele ganar el 75% del total de sueldo que ganan los hombres, según los datos vertidos esta misma semana por Eurostat, la Oficina Europea de Estadística. España, en comparación a las cifras difundidas a través de esta última estadística, sale relativamente bien parada. El porcentaje de mujeres que ocupan puestos ejecutivos asciende al 37%, situándose dos puntos por encima de la media. En cuanto a la desigualdad salarial, se limita al 16,2% frente a una media europea del 23,4%. Este registro revela que la situación, tanto en nuestro país como a nivel europeo, difiere con creces de lo narrado en las anteriores regiones; aunque, a pesar de ello, existen barreras que obstaculizan la igualdad de sexos.

 

La «cultura huésped»

Los discursos sobre igualdad son realmente muy interesantes… Pero, ¿por qué tratamos de esconder los prejuicios y estereotipos presentes en el entorno laboral? En múltiples ocasiones, las mujeres tratan de responder ante una determinada situación propagando una imagen con la que no se ven identificadas. A veces, se comportan como personas del sexo opuesto, hacen uso de la imitación porque su experiencia les dictamina que es la solución más admisible para ser respetadas. Guían su ‘modus operandi’ a través de una clara actitud paternalista. Este ‘fenómeno’ se debe, en gran parte, a la denominada “cultura huésped”. Según esta conjetura, cuando la mujer se incorpora al mundo profesional percibe la prevalencia de unos códigos de conducta masculinos. Ante esta situación, tiende a actuar como si fuese un comensal invitado a una casa ajena; de tal forma que autodestruye inconscientemente su autoestima y, por ende, llega a enterrar su propio talento.

En definitiva, resulta complejo paliar la encrucijada tan ardua ante la que nos hayamos sumidos, máxime cuando siguen en el poder eurodiputados como el polaco Jnush Korwin-Mikke; quien afirmó con rotundidad, el pasado mes de febrero, que “las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”.

Pero, lo importante es que “unidas, avanzamos siempre”, eliminando a nuestro paso los residuos de machismo todavía resistentes en pleno siglo XXI…

 




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