24 abril 2018

“Una de las estrategias de maltrato psicológico más potentes y devastadoras es negar lo que te está sucediendo, minimizarlo o culpabilizarte por lo ocurrido”


Aclad ha entrevistado a una psicóloga experta en violencia de género, María Luisa Fraile Dorda, para reflexionar acerca de algunos de los aspectos psicológicos que se hallan tras esta tremenda lacra social

Un hombre vocea a su pareja./osegredo.com.

Un total de diez mujeres han sido asesinadas en lo que va de año, en manos de sus parejas o exparejas… Asimismo, el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (Sistema VioGén) monitoriza a 54.454 casos de violencia machista, según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad a fecha de enero de 2018. Entre ellos, diez tienen un nivel de riesgo extremo, 200 poseen un peligro alto.

Del total del número de víctimas contabilizadas que se hallan monitorizadas a través del Sistema de Seguimiento Integral (Sistema VioGén), cabe destacar que 741 son menores de edad (de 14 a 17 años). El rango de edad predominante son mujeres de 31 a 35 años. En concreto, en ese intervalo de edades hay  24.120 casos activos, lo que representa el 44, 3 por ciento de la totalidad.

Por desgracia, no se pueden contabilizar todos los casos de violencia machista existentes. Muchas mujeres están viviendo un auténtico calvario, pero que no denuncian por razones muy dispares: miedo, dependencia económica, chantajes, falta de pruebas…

¿Por qué no disponen de pruebas necesarias para poder incriminar a su agresor? Lamentablemente, no toda la violencia deja rastro; de ahí que nos encontremos ante casos de mujeres que llevan años aguantando el tremendo yugo del maltrato y nadie de su entorno se ha percatado de este hecho.

Aclad ha querido profundizar más en este tema y, para ello, ha entrevistado a una psicóloga experta en violencia de género, María Luisa Fraile Dorda.

El modelo de amor romántico

El concepto de amor romántico, reflejado en nuestro día a día, es la idea de dominio y sumisión sobre la mujer. Se habla del príncipe azul que te va a querer para toda la vida. “Yo soy todo para ti, tú eres todo para mí y fuera de esa unión no hay nada”, afirma la psicóloga experta en violencia de género, María Luisa Fraile Dorda, quien recalca que “nos encontramos ante el riesgo de violencia de género más gordo, ya que en el momento en el que exista una tercera persona o cosa que invada el espacio creado por la pareja (trabajo, amigos, familia, mascota…) va a aparecer un sentimiento de desplazamiento, rechazo o abandono”.

Fraile Dorda explica a nuestra asociación el origen de la violencia en la pareja a través de una pirámide ficticia. En la base estarían las ideas, las creencias y los valores que sustentan toda nuestra herencia, en la cual el hombre domina a la mujer. En la cúspide podemos encontrar la agresión. Si se pierde de vista la posición de dominio/ sumisión, y no existe otro recurso, se emplea la violencia como ‘modus operandi’; siendo la agresión el último medio de proceder.

Hay que destacar que el dominio también se puede conseguir de “manera dulce”. María Luisa Fraile afirma que un claro ejemplo son algunas de las canciones de amor existentes en la actualidad, muchas tienen en común el reproche, la culpabilidad… Son una muestra de cómo se conforma el hilo de nuestro pensamiento.

“Si escuchas atentamente la letra, las mujeres tenemos la culpa de todo, hasta de que los hombres se enamoren de nosotros. No hay sangre, pero las palabras te hacen sentirte mal”, detalla. Por lo tanto, el hombre utiliza tu malestar y tu sentimiento de culpa para colocarte en una posición de inferioridad respecto a él. Esto es lo que se denomina violencia psicológica: un tipo de agresión pasiva.

Distorsión de pensamiento de la víctima

Inicias una relación y, al principio, puede haber algún insulto, empujón o incidente abusivo. Si rompes en este momento, la historia ha terminado. Pero, muchas mujeres piensan: “Qué empujón me ha dado, vaya comentario más feo; pero yo también soy muy bruta”, “mi marido venía cansado del trabajo, porque tiene mucho estrés y, ¿cómo no va a comportarse así? Encima tiene el mismo carácter que su padre”. De algún modo, empiezas a justificar su comportamiento abusivo y a fijarte en sus aspectos buenos, ya que en el fondo tienen comportamientos de agresivos, otros positivos y también alguno regular. Entonces tu mente comienza a elaborar su propio discurso: “Bueno, tampoco ha sido para tanto la bofetada. Es un chico muy majo, trabajador, buen padre… Quizás esté exagerando…”. En ese instante es cuando tragas lo que te ha sucedido, lo digieres y continúa la pelota. Estamos ante una distorsión de pensamiento en la víctima. Ella intenta justificar el episodio agarrándose en cualidades positivas que él tiene.

Cuando la relación avanza, las estrategias de maltrato son tan potentes y efectivas que, de algún modo, la distorsión del pensamiento cambia. Empiezas a culparte por no saber cómo tratarle, de tal forma que la diana del maltrato psicológico es tu autoestima y ésta cada vez se debilita más.

La culpabilización

Tienes dificultades para conocer la realidad. “Una de las estrategias de maltrato psicológico más potentes y la más devastadora es negar lo que te está sucediendo, minimizarlo o culpabilizarte por lo ocurrido”, sostiene la psicóloga experta en violencia de género.

Servicio telefónico de información y de asesoramiento jurídico en materia de violencia de género. /msssi.gob.es

Cuando las víctimas creen tener la culpa de haber recibido una paliza, sus justificaciones son dispares: “Estaba borracho y se enfadó porque no había hecho la cena. La verdad es que tenía razón, si lo hubiera tenido todo a punto no hubiera ocurrido…”. Ante esta situación, María Luisa Fraile trata de que sus pacientes reflexionen: “Si tú hubieras hecho la cena él podía haber pensado que la comida estaba sosa, que hiciste lenguados y derrochas, porque podías haber puesto pasta o que no le has preparado su plato favorito”.

En definitiva, siempre puede haber cualquier inconveniente en la vida cotidiana interpretado como una prueba a tu nulidad como persona y que desencadene en un ataque o en una agresión por lo sucedido.

“Si tú eres mi pareja y se te ha quemado la cena, puedo enfadarme porque me he quedado sin pizzas, por ejemplo, pero el enojo se soluciona pidiendo la comida a domicilio o invitándote a cenar por ahí. La violencia es una opción de comportamiento”, incide.

El aislamiento

Otra de las estrategias más potentes de maltrato psicológico es el aislamiento, la mayoría de las veces acompañado del control. Él normalmente hace que tu relación con tu familia sea mala. Generalmente él no tiene amigos ni amigas y tu libertad de movimientos a la hora de salir y de hacer actividades suele ser muy reducida también. Hay chicas que tienen novios que se levantan para acompañarlas cuando trabajan a turnos. Se piensan que están enrolladas con algún compañero de trabajo, se acercan a ver qué hacen, amenazan a sus compañeros, contabilizan los kilómetros del coche, le espían su móvil…

“No sirves para nada”

Las mujeres pierden su autoestima hasta el punto de pensar que hacen absolutamente todo mal y que no sirven para nada. Nos hallamos ante una maniobra psicológica devastadora. En ellas predomina la negación del maltrato y la culpabilización. Dudan de su propio criterio.

Y, funciona otro factor que es el miedo, sobre todo cuando hay violencia física de por medio. Esta sensación de alerta y angustia provoca una activación del sistema nervioso autónomo. Viven en un estado de tensión continuo. Por eso, muchas tienen como consecuencia enfermedades ligadas al estrés. Su energía viaja hasta la parte de la corteza cerebral que está cerca del sistema límbico, el cerebro más primitivo; por lo que la parte del cerebro que funciona para tomar decisiones, solucionar problemas o pensar con claridad, se queda sin energía.

Con este nivel de activación el funcionamiento intelectual y el manual no responden, porque existe mucha tensión. Entonces, se te rompen los platos, se te caen las cosas, se te olvida que tienes que ir a recoger al niño… Él aprovecha esta situación para decir: “¿Ves? Estás trastornada, no sabes hacer nada, todo lo estropeas…”. Y ella se mira al espejo y llega a pensar: “Pues va a tener razón, porque la que está desquiciada soy yo…”.

En definitiva, la violencia psicológica ataca a la autoestima y, por desgracia, no deja señales visibles, por lo que es muy difícil de probar en un tribunal o en un juzgado. Pero, es tan deleznable, peligrosa, delictiva y repudiable como la física.

 




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